Riesgo País
El riesgo país de Argentina medido por el índice EMBI / EMBI+ / EMBIGD de J.P. Morgan: el sobrecosto de financiarse en dólares frente a los bonos del Tesoro de EE.UU., con su evolución en el tiempo.
Medido en puntos básicos (100 puntos = 1 punto porcentual).
puntos básicos · EMBI+ (riesgo país)
puntos básicos · EMBI Global Diversified
Evolución
El riesgo país de Argentina (EMBI+ y EMBI Global Diversified) para las fechas seleccionadas.
Preguntas frecuentes
El riesgo país es un indicador que mide la desconfianza de los mercados financieros en la capacidad de un país para pagar su deuda. Refleja el sobrecosto que ese país debe pagar para financiarse en dólares respecto de un deudor considerado seguro, los Estados Unidos.
Cuanto más alto es el riesgo país, más caro y difícil le resulta al país tomar deuda en los mercados internacionales. Por eso se lo sigue como un termómetro de la confianza en la economía.
Se mide como la diferencia (el "spread") entre la tasa que rinden los bonos soberanos del país emitidos en dólares y la que rinden los bonos del Tesoro de Estados Unidos de plazo comparable, considerados libres de riesgo. Esa brecha de rendimiento es la compensación extra que exigen los inversores por prestarle a un país más riesgoso, y se expresa en puntos básicos.
El riesgo país se expresa en puntos básicos (a veces abreviados "pb" o "bps", por basis points en inglés). Un punto básico equivale a una centésima de punto porcentual, de modo que 100 puntos básicos son 1 punto porcentual (1%). Así, un riesgo país de 500 puntos significa que el país paga 5 puntos porcentuales de tasa por encima de los bonos del Tesoro estadounidense.
Significa que los bonos en dólares de ese país rinden 15 puntos porcentuales más que los bonos del Tesoro de Estados Unidos (1.500 puntos básicos equivalen a 15%). Si un bono del Tesoro rindiera, por ejemplo, 4% anual, la deuda de ese país rendiría alrededor de 19%. Es una tasa muy alta: indica que los inversores perciben un riesgo elevado de no cobrar y exigen un rendimiento mucho mayor para prestarle.
El riesgo país no es un número que invente cada medio: surge de los índices EMBI (Emerging Markets Bond Index) que elabora el banco de inversión J.P. Morgan. Estos índices siguen el rendimiento de la deuda en dólares de los países emergentes, y su "spread" frente a los bonos del Tesoro de Estados Unidos es justamente lo que se llama riesgo país.
Dentro de esa familia hay variantes, según qué bonos incluyen y cómo los ponderan. El EMBI+ es la más conocida y la que en Argentina se difunde como "el riesgo país" (la que citan Ámbito, Infobae y similares). El EMBI Global Diversified (EMBIGD) usa una metodología parecida aplicada de forma homogénea a toda la región, lo que lo hace útil para comparar países. Siguen de cerca el mismo valor, aunque pueden diferir en algunos puntos: son índices distintos de la misma familia, no un error.
No, son cosas distintas aunque relacionadas. La calificación crediticia es una nota (por ejemplo "AAA", "BB" o "CCC") que asignan agencias como Moody's, S&P y Fitch a partir de su análisis sobre la solidez financiera de un país o una empresa; es una opinión que se revisa cada cierto tiempo, no de forma continua.
El riesgo país, en cambio, es un valor numérico que surge de los precios de mercado de los bonos y se mueve día a día según la oferta y la demanda. Suelen ir en la misma dirección (a peor calificación, mayor riesgo país), pero la calificación es una evaluación periódica y discreta, mientras que el riesgo país es un termómetro de mercado en movimiento constante.
Lo calcula el banco de inversión estadounidense J.P. Morgan, a través de sus índices EMBI. No lo elabora el gobierno argentino ni el Banco Central: es una medición de mercado, basada en los precios a los que se negocian los bonos soberanos en dólares. Los medios y los proveedores de datos difunden ese número, pero la fuente original es siempre J.P. Morgan.
El riesgo país sube cuando los inversores ven más probable que el país tenga problemas para pagar su deuda. Pesan factores como el nivel de reservas del Banco Central, el déficit fiscal, el monto y los vencimientos de la deuda, la inflación, la estabilidad política y el contexto financiero internacional.
Baja cuando mejoran esas condiciones o las expectativas: un acuerdo con organismos internacionales, la acumulación de reservas, un plan económico creíble o señales de orden fiscal suelen comprimir el spread. Al ser un indicador de mercado, reacciona tanto a los datos concretos como a las expectativas sobre el futuro.
Una suba indica que los mercados perciben más riesgo de impago y exigen una tasa más alta para prestarle al país: es una señal negativa. Una baja indica lo contrario, mayor confianza y financiamiento más barato: es una señal positiva. Por eso una caída sostenida del riesgo país suele leerse como una mejora en la percepción de la economía, y una suba abrupta, como un deterioro.
No hay un umbral oficial, pero como referencia orientativa: valores por debajo de unos 200 puntos se asocian a países con buen acceso al crédito; entre 200 y 500 puntos, a un riesgo moderado; y por encima de los 1.000 puntos, a un riesgo elevado que en la práctica deja al país fuera de los mercados voluntarios de deuda. Argentina atravesó períodos muy distintos, con valores que fueron de unos cientos de puntos a varios miles en momentos de crisis o de default.
Aunque parezca un dato abstracto, el riesgo país tiene efectos concretos. Un nivel alto encarece el crédito para el Estado, las provincias y las empresas, lo que se traduce en menos inversión, menos financiamiento para producir y, en última instancia, menos empleo y crecimiento.
Además suele ir de la mano de la inestabilidad cambiaria y la incertidumbre, que afectan los precios, el ahorro y las decisiones de consumo. De manera indirecta, un riesgo país elevado y persistente termina pesando sobre la actividad económica y sobre el bolsillo de la gente.
El riesgo país determina, en buena medida, a qué tasa puede endeudarse un país en los mercados internacionales. Con un riesgo país bajo, puede emitir deuda a tasas razonables; con un riesgo país muy alto (por encima de unos 1.000 puntos), esas tasas se vuelven impagables y el país queda, en los hechos, sin acceso al crédito voluntario. En esa situación debe recurrir a otras fuentes, como los organismos internacionales, o postergar pagos.
No hay una relación mecánica, pero suelen moverse juntos porque ambos reflejan la confianza en la economía. Cuando sube el riesgo país, suele crecer la presión sobre el dólar y la brecha cambiaria, ya que la desconfianza empuja a refugiarse en la moneda extranjera; cuando baja, suele acompañar etapas de mayor calma cambiaria. Son indicadores distintos, pero comparten las causas de fondo.
El riesgo país es, justamente, una medida de cuán probable considera el mercado que un país caiga en default, es decir, que no pague su deuda. Cuanto más alto es, mayor es esa probabilidad percibida. En los episodios de cesación de pagos de Argentina, el riesgo país trepó a varios miles de puntos. Un default no es una consecuencia automática de un riesgo país alto, pero un nivel muy elevado y sostenido suele anticipar serias dificultades para cumplir con los compromisos de deuda.